Por: Alejandro Larrañaga Ramírez y Jeanette Muñoz López*
El despertador suena y, aunque Emma debe entrar a las siete de la mañana a la escuela, no quiere levantarse.
Su madre, molesta, toca la puerta de la adolescente de 14 años y, al no recibir respuesta, se acerca a la cama: “No quiero ir a la escuela, me duele la cabeza y además hoy ni vamos a hacer nada”.
Ya son tres los días de la semana en los que Emma ha tratado de evitar ir a la secundaria, su mamá piensa que su actitud es tan sólo el resultado de la flojera; sin embargo, esto no es lo que más preocupa a la señora: la joven no tiene amigos y ya en varias ocasiones la ha descubierto llorando sola en su habitación.
El acoso escolar o bullying es un problema que hace referencia a una amplia variedad de maltrato psicológico, físico o verbal y se presenta entre los estudiantes de forma reiterada; quienes lo padecen suelen guardar silencio sobre la situación que afrontan, pues entre los niños, niñas y adolescentes existe la creencia de que buscar ayuda con un adulto implica convertirse en un “soplón”.
De acuerdo con el maestro Julio Cortés, especialista del Departamento de Modelos y Tecnologías Preventivas de Centros de Integración Juvenil (CIJ), es posible identificar algunas señales que indican si nuestro hijo o hija es víctima de una agresión: dificultad para dormir, dolores en el estómago, el pecho y la cabeza, náuseas y vómito, llanto constante, mal humor, agresividad y cansancio.
También es posible encontrar daños en sus útiles escolares, mochila y uniforme.
Es frecuente, además, que soliciten ser cambiados de colegio o bien escucharlos usar expresiones como “me quiero morir” o algunas equivalentes.
Las causas por las que una persona puede ser blanco de las agresiones por parte de sus compañeros y compañeras de escuela pueden ser múltiples y van desde el aspecto físico hasta la religión profesada, pasando por características como la raza, el color de piel, la orientación sexual o la situación socioeconómica.
Es importante considerar que alguien que atraviesa por esta situación sufre desajustes emocionales que pueden llevarlos a incurrir, por primera vez, en el consumo de alguna droga lícita como alcohol y tabaco o una ilícita como mariguana y metanfetaminas.
Los especialistas de CIJ indican que un adolescente con necesidad de ser aceptado ─como es el caso de las víctimas de bullying─ puede decidir probar un cigarro o beber alcohol, con la finalidad de ser aprobado por personas de su mismo grupo o edad; sobre todo si se considera que durante esta etapa de la vida es mucho más importante la aceptación de los pares que de la familia o los profesores.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Adicciones, en México la edad promedio del primer consumo de tabaco es a los 14 años, mientras que el del inicio del consumo de alcohol es a los 15.
Además, con el propósito de evadir el sufrimiento, una víctima de acoso escolar puede tratar de experimentar con otro tipo de sustancias, como mariguana o inhalables, que “le ayuden a olvidarse de sus problemas”.
Según datos de CIJ de 2011, la edad promedio de inicio en el consumo de drogas ilícitas es 16.5 años.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) reportó en 2011 que 44.47 por ciento de los alumnos mexicanos fue víctima de algún episodio con violencia por parte de sus compañeros.
Las secretarías de Educación Pública y de Seguridad Pública ofrecen a los padres y madres de familia una serie de recomendaciones para enfrentar esta problemática: fomentar en los hijos e hijas la idea de que nadie puede abusar de ellos física, psicológica o sexualmente; prepararlos para que afronten conductas incómodas y presiones grupales; hablar con ellos sobre su estado de ánimo y crearles una cultura pacifista y no violenta.
Quienes sufren bullying no deben quedarse solos en zonas donde no haya personal de la escuela; hablar con sus amigos o familiares sobre las agresiones sufridas, tratar de no demostrar miedo ni disgusto, evitar responder los ataques y refugiarse donde haya un adulto.
Si es necesario, también se puede buscar orientación en instituciones como CIJ, donde las víctimas y sus familiares obtendrán información y podrán asistir a pláticas y talleres sobre el tema.
*Centro de Integración Juvenil (CIJ)
Colaboración de Fundación Teletón México.
“El principio de la paciencia empieza por uno mismo”
Bojorge@teleton.org.mx



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